martes, 29 de mayo de 2012

SIRENA SIN COLA



- ¿Me llevarás pastelitos a la cárcel?.
- Si, rellenos de cocaína para sobornar a los guardas.

Cabrona INCORREGIBLE y ¿quién lo pretende?. Vendedora de esfinges custodias de la linea entre el orden y el caos, justo aquella en la que la gata puntea un tejado de zinc.

Suiza. Cruz blanca sobre rojo intenso. El arma mas poderosa el mohín desaconsejado contra la ira perversa del legítimo heredero de toda la ética del mundo, la que cabe en el dedal de plata de Ariadna y que no puede tocar a Lilit que se come uno a uno los esquejes tiernos de la virtud de madera.
Suiza es mi plexo, ronroneando la desesperación del que busca el grito altivo de la reina del inframundo.

Que soy Suiza, coño. Que no me manifiesto porque me he sentado en el poyo de la puerta porque toca a muerto y tengo la certeza de que hoy el cadáver me va a saber a pleno al quince.

¿Qué diferencia al pervertido del perverso?. El caché.
¿Diosa, bruja o sirena?. Depende del exceso de nariz o de la falta de piernas.
Arrancar la costra para ver como sangra la herida. El placer del río de vida pierna abajo mientras la noche se plagia a si misma en el papel calca de unos ojos que miran a las estrellas. Ciruelas de postre. Ciruelas verdes en mi suspiro trotante, esencia dulzona que me resbala por la piel tan blanca que azuléa. Enamorada eternamente de una pequeña ciruela que gira y voltea ante la mirada infinita de un DIOS que no entiende nada si no es su belleza. Te extraño tanto que con cada latido rompo las campanas de bronce a suspiros de viento de madre.

Suiza en mi caminar. Polvo suizo en mis venas, espesando la sangre que se escapa por los raspones de lo cotidiano.

En el telar de vida escrito, el Oráculo solo lee.



viernes, 25 de mayo de 2012

VOLVER A CASA


De nuevo aquí, en casa, mi casa. Mi atalaya, mi reino, mi cojín y mi espada. De nuevo en casa. Buzón vacío alma llena. De nuevo ante mi hoguera.
Ha sido un viaje largo y tortuoso pero traigo regalos para todos.
Casi me descafeino pero por suerte sigo cubierta de óxido del bueno, del que no pudre, del que protege a las almas sin catalogar, como la mía.
Trabajo atrasado, letras esquivas que se escurren entre los esquejes de las madreselvas cortadas de cuajo.
De voluntad intacta a pesar de las embestidas. De irónico renqueo es el deseo que me lanza contra la puerta de mi morada, dándome de bofetadas para que no se me olvide que la llave encaja como encaja  la pieza entre mis piernas forjada.

Trabada en la piel contraria. Fundida en el metal de las miradas mezquinas: las de las brujas sin gato ni escoba pero sin los 21 gramos de rigor, los orcos de popelín, los súcubos rosas y las serpientes descascabeladas. Este verano, se llevan cabezas de Hydra cercenadas. Póngame cuatro por no andar con tontadas.

¿Y el café?

Corto con desnatada fría y con edulcorante como para parame el corazón. Que si no?.

Tanta grava pateada y ni se me olvidó respirar ni como se afila una espada.

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Océanos

Océanos
Los sin fondo