viernes, 30 de septiembre de 2011

SI TIRAS DEL HILO...

... desharás la madeja que me mantiene de pie.
¿Quién será hoy mi peine?
Sierpes marinas de barbitas finas y ojos de fuego que no se apagan ni con el frío negro del mas negro océano.
Sentada en el filo de lo que puedes y lo que debes balanceo las piernas con altos calcetines por debajo de la rodilla mientras aprieto los ojos hasta que veo luciérnagas.
Pasado está el viento rojo. Futuro el hielo a domicilio para entumecer los ríos que brotan de mis dedos. Escamas de oro en la piel de una bestia centenaria.
¿Quién será mañana mi ventana?.
Loca pazguata. Bastarda de Dios. Alambique de negros augurios para beber antes de las comidas con poca sal.
¿Quién fue mi amuleto?.
Puedes seguir rascando, puedes seguir tirando del hilo, pero piensa que tras la fina cuerda roja no hay nada, sólo despecho, celos y patadas. ¿Serás tu quien se beba todas las lágrimas saladas?.

Te quiero, así, de entrada.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LUJURIA Y LASCIVIA


Me dices que Lujuria y Lascivia llevan nombre de mujer.
Me lo escupes a la cara esperando me limpie el esputo y por contra dejo que me resbale por la mejilla hasta perderse en el canal del pecho tras recorrerme el largo cuello.
Lujuria me impide alzar la mano y Lascivia me coloca la mirada a la altura de la impotencia que en ti se ensaña por la  certeza  de lo imposible de alcanzar a dominarme.
Y es que te empeñas en que me hinque de hinojos y no sabes que aun de hinojos la deidad no pierde su condición ni por tu alta estampa caduca la tuya de mortal.
Mira que es resbalosa la brea de tu moral que se te pega al paladar atrapándome la lengua cuando en tu boca juguetea y me sonrojas la piel de bocados y de rayas de coitos imaginados.
Me arrancas las cuerdas que me atan a la argolla de tu desprecio para llevarme como trofeo sabiendo que soy yo el paladín vencedor.
Lujuria me perfuma.
Lascivia me tiñe de oro.
Y te mueres llorando mientras el inútil cilicio te come la piel de la mía contaminada.

lunes, 19 de septiembre de 2011

ME ENTRA EL SONROJO POR LOS OÍDOS

- Que venía a sacar un libro para este carnet.
- Pues no va a poder ser.
- ¿No?.
- No, porque no es usted la titular del carnet.

Miro hacia afuera y compruebo que estoy en la Biblioteca de mi pueblo y no en la el Fondo Monetario Internacional.

- Ya, pero es que la titular tiene 7 años, es mi hija y está resfriada. Para que se anime le quiero llevar una novelita que...
- Que no insista, que usted dice que es su madre y yo no lo se...
- Curiosamente traigo aquí el libro de familia..
- ¿Y si se ha separado usted y está haciendo uso fraudulento del carnet para comprobar que es usted buena madre pero usted no tiene la niña a su cargo?

ME QUEDO SIN PALABRAS. NI UNA ME SALE. EL SENTIDO COMÚN SE HA IDO A VIVIR A LA LUNA Y NO TIENE VISOS DE REGRESAR, AL MENOS A CORTO PLAZO.

- Entonces... ¿no me da el libro?.
- No a no ser que me traiga una autorización firmada por la niña con fotocopia compulsada del DNI.
- No tiene DNI... sólo tiene 7 años y soy su tutora legal y por tanto ejerzo de su representante.
- No hay libro.

Y me quedo sin Stillton y pienso si antes de pasarme por la Biblioteca no tendría que haber pasado por el notario...


¿

martes, 13 de septiembre de 2011

RIP


Que descansen en paz.
Como las despedidas no formuladas pero evidenciadas.
Como las culpas rasgadas en las cortinas de la vecina cotilla.
Como las citas de los amantes que nunca se conocieron.
Como las oraciones de los no indultados.
Como las amapolas de los campos devastados.
Que descansen o que bailen un tango mas.

martes, 6 de septiembre de 2011

STILETTOS


El doliente placer del stiletto es tu mirada no encontrada a pesar del totémico esfuerzo de ser buscada.

- ¿Puedes con esos zapatos?.
- Claro - contesto - son domesticables y flexibles porque son de piel de marido.
- Que chula te pones.
- Si fuera pose tendría remedio.
- Políticamente incorrecto - me acusas con tu dedo largo y estrábico.
- Hasta el imponderable estoy yo de la dictadura ésta de lo que se puedo o o decir por políticas declaradas correctas por caras sin rostro que ni me auspician ni me regresan.


Y me marcho y te quedas mirando mi camino en la acera tachonada de errores ajenos. El sonido de las cerdas de frío acero rasca la superficie esmerilada del otoño. Este otoño. Otoño sin hojas muertas ni brujas verdes que sobrevuelan las altas nubes al amparo del tan traído y llevado estramonio. La pólvora hemos inventado. La fórmula de la Coca-Cola a subasta en ebay.

Y las correas de las camisas de loca que embotan las nubes se desgajan desmigando el agua contra mi pecho, tu cara, mi espalda y el frío aun  no llegado de esta estación que avanza.
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Océanos

Océanos
Los sin fondo