martes, 27 de enero de 2015

LA INSPIRATRIZ DEL HIJO DE ODÍN

A lo que se llega sin saber, sin querer, sin poder hacer otra cosa que dejarse llevar por la marea, cansado de nadar a contracorriente, entre tiburones y con los pies atados. Renacer de entre los muertos de amor y sacudirse el polvo que no es polvo, sino cenizas.
Descubrir que amar es bueno, pero que ser amado es mejor.
Mirar a los ojos a un guerrero vikingo, perdido en las aguas del mar que baña tu guarida, inocente ante las sierpes que sisean tu cabello. Dejarse vencer por la sencillez de un temor del mundo mortal, el de morir sin poseer la esencia de otra vida trenzada a la tuya. Caer de hinojos y prometer que nunca habrá estaciones malditas ni lobos sin dientes limpios de carne virgen.
Yo quiero ser tu inspiratriz, tu sexacional virtudiosa, la agri sweet sonrisa infinita que empieza en tu hombro izquierdo, da la vuelta al mundo y descansa en tu hombro derecho.
Porque respirar eres tú.

jueves, 11 de diciembre de 2014

LA PECHOTES, EL QUE SE COME LOS MOCOS Y EL CUÑAO CON LA BOTELLA DE ANÍS

La verdad es que hay días de esos que cuesta un poco más: la verdad es que a mi no me pasa porque vivo en la inopia de la felicidad inoculada por una madre que ha aprendido a mandar videos con florecitas por Whatssapp. Me dice tantas veces que valgo un potosí, que el día menos pensado me pongo a la venta en segunda mano.

Pues eso: que la Pechotes. Madre como está el patio si cinco señores con traje bueno se ponen alrededor de una mesa de esas de diseño que salen en los programas de las mañanas para hablar de una tía cuyo mérito es tener un aire a la novia de Ronaldo pero con con más descaro de guarrilla de discoteca porque se jalaba a un pelo cortinilla que bien podía pasar por el icono de Risi.
En el autobús un tipo se ha comido un moco y luego ha puesto cara de asco porque dos chicas iban de la mano.
A mi cuñado que le quiten la botella de Anís, el tenedor o las dos cosas: que prohiban los villancicos en Mercadona y de paso ese uniforme que es el más feo de la creación. Este año he desterrado la Navidad porque no me cuadran con el día a día.
Ay Clint, Clint... Cuanto puente falta en estos días. Alégrame el día y borra de la pared del fondo la humedad de los negocios turbios. 
Mi madre plantará una flor, no sé cual, pero me juego el bitter kas de los viernes a que és preciosa.

Y entre tanto. ¿Qué hacemos? Pues ver Star Trek que ha empezado gratis en la tele.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

CÓMO GANAR SIEMPRE


Se puede ganar siempre si se supera el dolor o al menos se comprende.
Si se aprende que no se puede perder lo que no se posee.
Si se comprende que no te pueden robar aquello que regalas.
Si asumes que no puedes echar en falta aquello que no necesitaste.
Si interiorizas que mañana es asunto de otro rato y que tan solo hoy cuenta, porque ayer no puede ser borrado, tan solo aceptado.

Se puede ganar siempre si no compramos lo que es gratis.
Si no tememos lo que no puede dañarnos.
Si no dañamos y punto.
Si no queremos bridar los sueños.
Si no pretendemos atar un alma.
Si no escuchamos lo que suena a cieno.

Se puede ganar siempre si no tenemos miedo a perder.
Se puede ganar siempre si de todo aprendemos.

Bienvenidos a mi casa. He pasado algún tiempo fuera, pero es que me quisieron robar lo que regalé, casi pierdo lo que no era mío, temí lo que no podía dañarme, casi brido sueños ajenos, me aferré a lo que no necesitaba y por poco me mato en el intento.

Bienvenidos y contadme que hay de nuevo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

A TUMBA ABIERTA


APRIETA EL VIENTRE Y MIRA UN METRO Y MEDIO POR DELANTE
(VIVIENDO A CONTRAPELO)

Eso me lo dijo Alberto Barrantes cuando me lanzó al abordaje de mis miedos: Aprieta la tripa, planta el pie como si fuese a quedarse tatuado en la piedra y no dejes de sonreir por si te hago una foto mientras no le quitas ojo al camino, un metro y medio por delante como poco.

Reconozco que la chulería me robó la sinceridad y no le dije que tengo (o tenía) pavor a la bajada de cuestas, pero ¿qué podía hacer?: calzarme las Pearl Izumi del Máster del Universo y comerme los 13 kilómetros entre la R3 y la subida a Camporeal, afeitarme el miedo y gritar "GERSANTA, ESO MOLA MIL".

Me pasó también el día que cogí una cucaracha en la mano y le dije: "tía puta, no te entro por la boca, así que no me mires como si el mundo girase en tu ombligo perverso, porque NO lo hace NI DE COÑA (Aún recuerdo como crujió entre mis dedos).

Escoger un buen compañero de rodaje hace que te sientas Leónidas sin necesidad de sombrearte los abdominales: tienes que vestirte de color flúor y decir aquello de "para atrás ni para coger impulso". Los kilómetros, si se les acaricia despacio, son benévolos y tocan un solo de batería a mayor gloria de Nightwish en sus recodos finales: y entonces podrías MORIRTE DE GUSTO, pero no lo haces porque morirse es una mierda por mucha épica que lo impregne.

Lo peor de correr con un tipo como el Tío del Megáfono, es que engatusa con su gesto de buenito y sus ojitos azules mientras te dice "Uy, uy... que yo soy reservón" y de repente ZAS, le notas el pelo del lomo erizado y tiene los ojos amarillos porque es una bestia parda que te hace reír mientras bajas AL AVERNO de tu ego y se te olvida eso, que bajas, y luego aprietas cuando te cruzas con los machacas del gimnasio, esos que parece que llevan una alfombra bajo cada brazo, pero no aprietas porque te cruces con (o contra) ellos, sino porque tocaba y puedes.

No quiero dejar de vivir ni un solo instante de esotos que me regala la vida subida a las Pearl Izumi que compré el día que me cambió la vida. No quiero renunciar a compañeros de viaje ni a puestas de sol instrospectivas y si alguien intenta evitarlo: LE MANDARÉ UN SICARIO DE TINTA.

LA AUTORA HA HABLADO.
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Océanos

Océanos
Los sin fondo