viernes, 26 de diciembre de 2008

DEJARSE DECEPCIONAR

- Todas las personas que me rodean me decepcionan.
- Eso te pasa por rodearte de personas decepcionantes.

Fracasamos continuamente.

Ayer escuché que el éxito es la rara excepción al perpetuo fracaso en el que solemos vivir. De eso se trata. Tropezar una y otra vez para levantarnos con la ilusión de que algún día no tropezaremos y que ese día cambiará nuestro destino.

"Se puso el vestido negro por la cosa de que estilizaba. Se miró en el espejo y se pintó en cero coma porque los otros esperaban abajo. Los otros, a los que había tenido que ayudar a acicalarse estaban ahora refunfuñando porque ella tardaba en arreglarse. Porca miseria. Cuando salio a la calle pensó que la austeridad elegante y monocromática que adornaba los árboles de la calle Real, era augurio de cosas buenas. Se arrebujó un poco en el abrigo y miró al cielo. Por desgracia, no se veía ni tan siquiera una estrella. Llegó a la casa en la que iba a cenar. Alguien le preguntó a él que tal lo había pasado en las bodegas de ron y el sonrió tenso. Ella no sabía nada de aquella excursión. Le miró y supo que siempre mentiría. Mientras partía trocitos pequeños de carne para la polluela, su vista se nubló y pensó que, una vez más, había tropezado".

Quizás sea mejor asumir de antemano que lo más fácil es que nos decepcionen. Prueba a dejarte decepcionar como parte del trato en el que tú, probablamente, también resultarás una decepción para otros. Como cuando renegamos de recibir mensajes "aplantillados" en el que nos felicitan las navidades en serie, pero nos sentimos decepcionados si los ocupantes de nuestra agenda no lo hacen. O esa sensación de mala conciencia que nos invade cuando recibimos un mensaje que sabemos escrito únicamente para nosotros, pero cuyo remitente es un número que no conocemos. Sabemos que se trata de alguien que ha pensado en nosotros pero que nosotros hemos borrado de nuestra agenda, y entonces nos reconcome la curiosidad. Sería decepcionante preguntarle quien es, porque sabemos que el piensa que si que lo sabemos. Entonces contestamos con un mensaje neutro, de esos que igual valen para una monja de clausura que para un actor porno, por si es la tía de Valladolid o el macho alfa que nos comió el morro en Pentecostés...

Este Oráculo del todo irresponsable os invita a buscar la excepción escondida, a esperar el día en que, en la oscuridad de la noche, bajemos a hurtadillas al salón para encontrar (¿por qué no?) a unos magos de oriente dejando para nosotros un soplo de esperanza en forma de ilusión no aprendida.



viernes, 19 de diciembre de 2008

THE POWER OF LOVE





http://www.youtube.com/watch?v=ShN8UIk5-mw&feature=PlayList&p=3EF72D1E34CF8A79&playnext=1&index=2


Yo tenía pocos años, no recuerdo cuantos porque eran pocos. Acababa de ver en la tele una peli de un niño que se transformaba en ángel. Era Navidad. Mis padres habían decicido celebrarlo en la casa del pueblo. Hacía frío y mi madre me bañaba en un barreño frente a la chimenea. De pie en el barreñito, dejando que el agua calentita me mojara, oí esta canción. Miré la televisión. Yo no sabía nada de inglés. Los niños de mi generación accediamos a ese privilegio con posterioridad. No sabía que decían aquellos señores. El video me dejó hipnotizada. Sólo tuve una certeza a mi corta edad: jamás volvería a oir una canción de amor mas hermosa.

Entonces no existía youtube. Tardé 20 años en descubrir el nombre y el autor de la canción.

THE POWER OF LOVE. AUTOR: FRANKIE GOES TO HOLLYWOOD.

Se que esto que voy a decir es como, uf, que anticuado, bla, bla, bla... pero no me resisto. Feliz Navidad a los hombre y mujeres de buena voluntad. Al resto, no se... seguid vivos.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

TRAIDORES (para los menos buenitos)



Amelie me pregunta: "¿Soy una enferma porque quiero destrozarle la vida a la que me ha robado a mi amor?".


De entra suena cursi. El Oráculo la mira y sonríe. "¿mi amor?", pero es que si empezamos así empezamos mal . El amor es un invento falaz. Una reacción química con tintes morbosos. Valiente amor el tuyo que te paga con mentira, que te tira a la cara los bombones. Ostia de realidad podrida como respuesta al papel perfumado en el que has escrito tu vida con la sangre que le has brindado. No le llames amor. Llámale por su nombre si es que no lo ha cambiado por Judas.

En referencia a odiar a la patilarga, como tu la llamas, te diré que odiar no está ni bien ni mal. Es un sentimiento que está ahí y sirve para lo que sirve, para acelerar la respiración , para oir tambores de guerra, para pintarse la cara de rojo y echar fuego por los ojos. Para eso y para sentirnos vivos. Odia cuanto quieras, pero yo me pregunto.

¿Quién traicionó a quien?. ¿Te debía ella alguna fidelidad?. Es más, por lo que me cuentas, ni tan siquiera la conocías. Este humilde Oráculo, tan amigo de guerras, te diría que el objeto de tu ira, si debe haber uno, quizás sería aquel que te miraba a los ojos jurándote amor eterno mientras olisqueaba las bragas de encaje francés que jamás te regaló a ti. Ya te dije que la oferta y la demanda es tan brutal que es un milagro no caer en la tentación.
Este Oráculo es duro. Quizás cruel. En tu mano no está la posibilidad de tejer las felicidades ajenas. No puedes hacer que les vaya mal, que sean infelices y tampoco está en tu mano que el infiel añore tus bragas (de algodón).


Consejo del Oráculo (se admiten sugerencias): Busca mejor comensal para tu mesa. Mejor nariz para tus pliegues. Mejor lector de tus entrañas. Mejor guerrero. Mejor espada (toledana, bien templada, firme, que para oxidarse ya tendrá tiempo). Si cuando tengas todo eso sigues odiando, busca al traidor, dale las gracias por el favor que te ha hecho, porque te ha demostrado que siempre hay que estar en guardia, porque nunca más serás inocente y porque en adelante las arrugas de tu alma serán de experiencia.


Una frase que no es mía pero es útil: Aunque el valor que se encierra en tu pecho desde allí da voces, óyeme a mi que yo se que todo es guerra.


El Oráculo de Delfos ha hablado.




LEE ENTRE LINEAS (para los mas buenitos)

La Moni tenía cuerpo de bailarina clásica, pero llevaba unas Dr. Martens acharoladas de color negro. Rubia, alta, espigada, con su jersey de cuello alto y los Levi´s como marcaba la moda, un poco por encima del tobillo que no se divisaba bajo las botas militares. Los ojos muy maqueados, el alma de piedra (pómez, pero piedra). Muñequita Manga. Mi imagen en el espejo de la utopía. Inaccesible.

Estábamos en el Moe´s y alzo la pierna en una patada lateral dejándosela al fulano baboso a la altura de los ojos. La mantuvo ahí unos segundos, sin despeinarse, , como si no le costara ningún esfuerzo. Y luego aquella frase que se convirtió en mito:

- LEE ENTRE LINEAS
Ahora Moni se cubre con Armani, lleva un solitario con un diamante precioso y tiene marido. Es menos grácil, mas rotunda, mas yo, pero sigue siendo una musa para mi.

Tatuajes en las plantas de los pies que cuentan historias de viajes hacia ninguna parte. Historias por escribir, como la de una toalla verde. ¿Quieres escucharla?. Yo te la cuento. Si te cuadra en tu contexto, será un sabio consejo, sino, un dato mas.

El agua de la ducha ha redimido todos los pecados. Salgo y hace frío. Se me eriza hasta el hambre. Cojo una toalla que cuelga de una percha con forma de estrella de mar. "No" grita él "toma esta verde, que es la tuya". Está despeluchada, pero limpia. Huele a jabón de marsella. La aspiro mientras las gotas caen sobre la tarima. "Está usada", protesto. "Si, la usaste para secarte la cara un día que lloraste y la guardé desde entonces". Vaya... "Gracias", musito.

Él simplemente sonríe. Luego despierto y hace mucho frío. Ha nevado.

Nota: Hip hip hurra por el rey de Bomberilandia, campeón de lucha libre modalidad química.

viernes, 5 de diciembre de 2008

¡TANCAT!


- Parecías feliz.
- Lo era.

Ser, estar, parecer. Sólo palabras. Sentir.
Perdonar. Sufrir. Ganar.
Soberbia: Ansia desmedida de ser preferida a los demás.
Palabras que se tornaron fetiche. Llámame por el nombre que tu creaste para mi. Silva. Soy un perro fiel. Correré, saltaré, nadaré para estar siempre a tu lado.

Me han salido aftas en la elocuencia. Estaré en tratamiento unos días. Creo que el 17 ya estaré por aquí.

Vacaciones.

lunes, 1 de diciembre de 2008

PIEDRAS MOJADAS




- ¿A qué huelen las piedras mojadas?- pregunté.

- A trozos de minerales húmedos - contestó.

(¡Ole!, pensé yo).

Tropezar una y otra vez. Hades dice que me tropiezo constantemente porque no levanto los piés del suelo, que ando como los niños pequeños, ensimismada, dejándome envolver por mis pensamientos azarosos, y que por eso me tropiezo con los escalones, levanto todas las esquinas de las alfombras, malogro las punteras de los zapatos y juego a ser equilibrista a ratos perdidos.

He de reconocerme la manía de resbalar, de tropezar y por consiguiente, de caer.

Quien no ha resbalado nunca no sabe lo que duele caer y levantarse. El que nunca cayó de bruces no puede imaginar lo fácil que es volver a resbalarse una vez que has caído. No le podemos pedir tolerancia al que nunca ha rebalado, pues como en el caso de los que nunca amaron, es imposible explicarle lo inevitable del deseo de volver a hacer equilibrios irresponsables.

El Oráculo resbala con cierta frecuencia. Le gusta saltar sobre las rocas cubiertas de verdín que hay junto a los ríos. La apuesta es arriegada y por tanto el resbalón suele estár garantizado. A veces el Oráculo no llega a tocar el suelo, simplemente pierde el equilibrio y lo vuelve a recuperar en la siguiente roca seca. Otras aterriza aparatosamente en agua y se queda sin respiración de lo fría que está la condenada.

Caí de bruces el viernes por la noche. Me mojé toda entera. La guardia pretoriana no pudo sostenerme porque andaba luchando contra sus propios dragones más allá del bosque de lo inesperado. No es excusa, pero, ¿qué hacer cuando los sueños del Oráculo la llevan de los pelos a las piedras con verdín?. La tempestad se alejó, dejando el cielo limpio, como los ojos inocentes del que aun confía. Yo me quedé sentada en las aguas someras y frías de la corriente. Sabía que la noche sería gélida y que no hallaría fuego para secarme ni las ropas ni el orgullo. Calada hasta los huesos no me quedó otra que reirme de la flaqueza del pobre bolchevique, que diría Lorenzo Silva.

La mañana trajo luz y fuego, pero ya era tarde para mi que febril, debía pagar el precio del resbalón.

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Océanos

Océanos
Los sin fondo