De cuando en cuando alza la vista por encima de las gafas. Se las ajusta con aire tranquilo mientras mueve un poco la cabeza de arriba a abajo. Cuando ya ha aguantado la palabra lo suficiente, viste una familia de luto como buen Cañamero: - Pues vaya tío gilipollas - y no se pone ni colorado porque asienta su juicio en el más común de los sentidos. Y si el señor de las patatas lo dice, será por algo. Quizás porque lleva toda la vida dándole trajes al emperador loco que se empeña una y otra vez en pasearse desnudo por la plaza. - Pues vaya tío gilipollas - y es verdad. El señor de las patatas es experto en cebar de amor a todas sus presas, pero que parezca un accidente. Camina siendo tendencia sin darse cuenta, tarantiniano perdido, le falta la katana. Especialista en poner cada cosa en el lugar donde cabe, incluidos los egos desmedidos. Amigo de Peter, el mejor de todos, el mas fiel: por donde pasó, el anterior fue bueno. - Pues vaya tío gilipollas - amén - ¿otro vermú...