lunes, 4 de febrero de 2013

LA IRA DE LA BRUJA BLANCA

La ira de la bruja blanca es como la de todas las brujas, como la de todas las almas: arde en las entrañas.

Empieza mientras baja la cuesta de piedras y el viento del norte le golpea la cara hasta saltarla el llanto.
Se esboza la ira mientras se le enreda el cabello al báculo de madera oscura. Apenas se dibuja y ya lo intuye la maga cierto y legítimo.

El frío hace caer las esquirlas al paso descalzo de la bruja que anhela el camino entre los pinos, acolchado el caminar por las agujas secas de otras estaciones mas venturosas.

La mirada glauca se despereza en gris casi negro y el mundo se vuelve de los múltiples colores que el corazón había escondido en una caja de plomo.

Ya sin ceguera, la bruja se quiebra antes de alzarse, como siempre, entre las hojas nuevas.

La ira de la bruja blanca alcanza su pecho herido de guerra y se escapa por los belfos de los caballos que la flanquean.

El silencio es noche sobre las aguas plateadas de las lagunas del páramo. Los pájaros silenciados aguardan el fuego que se enroca en el destino. Saben que en las huellas del camino vive un aliento que de tan puro mata y por eso ni respiran.

La ira de la bruja blanca galopa a lomos de una bestia parda. Su nombre es cordura y de fría, quema.

Todos fuimos ella.
Una bruja buena.




4 comentarios:

llamameloca dijo...

Yo nunca he sido buena...
Puedo parecerlo, pero "del toro manso me libre Dios..."
Me doy miedo... mucho miedo...

Anónimo dijo...

uf!! cómo está el patio. Hace falta un corro femenino de sanación.
RT

llamameloca dijo...

Un corro???? Noooo, un akelarre ;)

Anónimo dijo...

Akelarre, dicese de junta o reunión nocturna de brujos y brujas, en corro (por qué no?)
RT

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