- Eso te pasa por rodearte de personas decepcionantes.
Fracasamos continuamente.
Fracasamos continuamente.


Quien no ha resbalado nunca no sabe lo que duele caer y levantarse. El que nunca cayó de bruces no puede imaginar lo fácil que es volver a resbalarse una vez que has caído. No le podemos pedir tolerancia al que nunca ha rebalado, pues como en el caso de los que nunca amaron, es imposible explicarle lo inevitable del deseo de volver a hacer equilibrios irresponsables.
El Oráculo resbala con cierta frecuencia. Le gusta saltar sobre las rocas cubiertas de verdín que hay junto a los ríos. La apuesta es arriegada y por tanto el resbalón suele estár garantizado. A veces el Oráculo no llega a tocar el suelo, simplemente pierde el equilibrio y lo vuelve a recuperar en la siguiente roca seca. Otras aterriza aparatosamente en agua y se queda sin respiración de lo fría que está la condenada.
Caí de bruces el viernes por la noche. Me mojé toda entera. La guardia pretoriana no pudo sostenerme porque andaba luchando contra sus propios dragones más allá del bosque de lo inesperado. No es excusa, pero, ¿qué hacer cuando los sueños del Oráculo la llevan de los pelos a las piedras con verdín?. La tempestad se alejó, dejando el cielo limpio, como los ojos inocentes del que aun confía. Yo me quedé sentada en las aguas someras y frías de la corriente. Sabía que la noche sería gélida y que no hallaría fuego para secarme ni las ropas ni el orgullo. Calada hasta los huesos no me quedó otra que reirme de la flaqueza del pobre bolchevique, que diría Lorenzo Silva.
La mañana trajo luz y fuego, pero ya era tarde para mi que febril, debía pagar el precio del resbalón.