Uno no sabe si ésto es la foto de una boda o de la noche de difuntos. En casos como el que hoy me compete, parece ser misma cosa: El Oráculo predice dolor en e futuro cercano. El sábado ella se casa con el hombre equivocado. Es una certeza. Las señales son tan evidentes que ya no cabe la posibilidad de que ella, cegada por el amor, no lo haya visto. Una vez descartada la ceguera sólo queda una opción: la resignación. Como el toro ante el toque de clarines y timbales, no hay salida. El Oráculo predice dolor, pero el dolor es necesario para seguir adelante. La novia no irá de blanco, pero irá tan radiante que las oscuras nubes que preñaran el cielo castellano no tendrán nada que hacer. La negrura de después es la que me ofusca el entendimiento porque el novio es un súcubo y por tanto, la peor de las elecciones. Lo intenta. Y no es mala del todo su intención. Disimula, pero no lo hace bien. El Oráculo callará porque no ha sido preguntado. No hay consuelo. No hay remedio. ...