Tengo la nariz altiva y he venido a decirte que no seré yo. De entre todas no seré yo la mejor ni la peor. Ni tan siquiera seré si tu así lo deseas. Aunque estuve y aun quedo. Necedad sería negarlo. No seré yo quien te regale un muestrario con todas mis virtudes. Realmente es que no son muchas. Aun así las pocas que tengo son las que llevo bien visibles en las arrugas de la frente. No seré yo la que te venda el humo que inhalas glorioso de otros. No señor. No yo. No seré quien te mendigue amor eterno. Tampoco seré quien te lo jure. No seré yo la que salga a la puerta esperando oir tu regreso por caminos polvorientos. Tan indiferente me es tu regreso como otrora me resultó tu marcha. No seré yo la que invoque al señor de la guerra, ni a la virgen de los sicarios, ni tan siquiera al guerrero que languidece porque no encuentra un lugar digno para morir. No seré yo la que le limpie el polvo a las estatuas de tu ego. ¿Sabes quien seré sin embargo?. Aquella que te mira y te mirará por s...
El fuego camina a mi lado, pequeña Perséfone