
- Te odio.
- Ya...
- Te odio mucho.
- Te retuerces de rabia porque no consigues entrar en mi casa.
- Pero te odio.
- Que ya...
- Te voy a hundir.
- Para hundirme tendrías que conseguir mantenerte a flote, cosa que humildemente dudo.
- Pero te hundiré.
- Bueno, podrás intentarlo.
- Te odio.
- No se si me odias, sólo sé que ansías mi brillo. Es duro alimentarte del brillo de los demás porque careces del tuyo propio. Fuiste a comprar luz y te dijeron que ya no se fabrica. Has visto la mía y por más que te frotas no se pega, y eso, te hace odiarme.
- Eso es mentira.
- Es posible.
- Te odio.
- Y dale. Pues te recomiento la piedad: yo últimamente la uso mucho gracias a ti, y huele a menta y sabe a fresa, es perfecta.
- Te voy a hundir.
- Siento decirte amiga mía, que también se bucear.
- Te odio.
- Hazlo, mientras me odias estás viva, porque este Oráculo te dice que no siempre será así.
- El qué, ¿el odio?.
- No, el estar viva.
Comentarios
Hundirse y saber bucear, depende de dónde te hundan o se hundan, a veces no hay agua. ¡Ilusos!
También me gustó :)
Besitoss que tengas un bello finde:))
Algo cierto, el Brillo, bien preciado e inherente a algunos seres. Pitia, brillas de forma tan natural que los demas pensaran que podran brillar como tu frontando, pero lo unico que conseguiran es dejar al aire sus miserias.
Lord of War.