miércoles, 20 de abril de 2011

POR MAS QUE ME LLUEVAS


Por más que me lluevas no me oxidas porque mi brillo no es de este mundo.
Por más que me truenes no me desarmas porque mi templanza viene de las estrellas.
Por más que me grites no me asustas porque mi casa es mi fortaleza.

Así que lluéveme una vida entera, con truenos y rayos belicosos. Que tus gritos se pierdan en el torbellino del viento de mi oscura melena cuando me giro, sonrío y la ira te desespera.

Que mi camino es una vereda donde la hierba crece nueva y tierna mientras las espinas de tus hinojos me resbalan la piel de seda.

9 comentarios:

Curiyú dijo...

Digamos que todo te entra por un oído y te sale por el otro. Y está muy bien, me parece el mejor de los cachetazos.

Srta. Nostalgia dijo...

Corto pero ametrallador. Me encantan las verdades como puños, y más si salen de tus certeros dedos.

Lo más importante en esta vida es saber mantenerse de pie sin siquiera tambalear. Veo que sabes cómo hacerlo, y por eso escribes lo que escribes.

Besos envidiosos de una post-adolescente desencantada con la vida.

cabezademonte dijo...

la fortaleza interior viene preinstalada de fábrica...me gusta!

LuZerna dijo...

Pero mucho que uno se vista coraza de seda, y deje escapar por las costuras la LuZ, hay días que cansa un mundo tanto trueno deslenguado.

Siempre me quedará la risa.

Vivo con Hades a tiempo parcial dijo...

Ójala el oráculo tuviera las cualidades que le presumís. Nada mas lejos. Las descubro en aquellos que aun no saben que las poseen y las narro con el firme propósito de que, en algún momento, se choquen con estas letras.
Bienvenidos al templo.

XeReC dijo...

Hinojo... :)~~~~
¿En vez de que te resbale has probado a darle unos mordisquitos? ^^

Vivo con Hades a tiempo parcial dijo...

Bueno, es una opción, jeje, pero me refería a los hinojos de "caer de hinojos". Es que a veces me enreveso yo sola!.

llamameloca dijo...

¿En qué tormenta te habrás metido ahora?

Vivo con Hades a tiempo parcial dijo...

Las tormentas, inherentes al oráculo, alimentándose de la luz del rayo que parte el cielo en dos y guardando en una caja de zapatos los truenos que restallan latigosos. Tormentas todas.

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