jueves, 26 de mayo de 2011

UP-DOWN


Se equivoca el que achaca su estado de amargura a la felicidad ajena.

- Claro, si tu tuvieses lo que tengo yo encima...

Y no niego que hay pesos insoportables, pero no sonríe mas el que nunca cayó, sino el que a fuerza de hacerlo aprendió a precipitarse al suelo con cierto grado de elegancia y que dominó como nadie al arte de sacudirse el polvo de la vestimenta con el gracejo de una bailarina clásica.

El miedo a tropezar amputa el paso y sin paso no hay camino hacia ningún lado y te conviertes en estatua de sal que, poco a poco, se degrada con el viento hasta desmoronarse, desaparecer de la presencia y la memoria.

Polvos fosforíticios de melaza almizclera, papelinas de belcanto y volutas de plomo fundido a cero grados. ¿Quién me quita el resuello de la carrera en esta tormenta brava de primavera?.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo (qué raro, no?).
Es mucho más importante aprender a levantarse que a no caer, porque tarde o temprano caemos tod@s, es muy difícil no tropezar o no perder nunca el equilibrio (pero algunas hemos visto aterrizajes impresionantes, en plancha ..., y hemos visto a esa persona levantarse y reirse de la caida).

llamameloca dijo...

Bueno... es que aprender a reirse de uno mismo, es casi tan importante como aprender a levantarse.

Es fácil decir aquello de "al mal tiempo, buena cara". Lo difícil es ponerlo en práctica.

Curiyú dijo...

Me gusta mucho. Ciertamente, hay que tener clase para caer, y con eso, ya tenés media vida en el bolsillo. Un abrazo.

La sonrisa de Hiperión dijo...

El resuello hoy en día nos lo quita casi cualquier cosa...


Saludos y feliz sábado.

Se ha producido un error en este gadget.

Océanos

Océanos
Los sin fondo