No cabe foto ni adorno. Sólo silencio ante la parca que ruge, tiembla y zozobra y se lleva, como siempre, la vida de los ya desheredados. La parca carroñera se ceba en lo fácil. 10.000, 100.000 muertos. La cabeza nos gira en el torbellino que protege nuestra cordura. Las cifras son sólo cifras, no sentimos más dolor por una cifra u otra, pero la parca ahora es la reina de la montaña y Haití, de nuevo, tierra de polvo muerto. Joder, que cosas.
No puedo pensar en lo sorprendente y lo sencillo que resulta vivir casi siempre: se vive sin querer y a pesar de no ponerle demasiado empeño al asunto la mayor parte del tiempo. No puedo pensar en lo frustrante que será el día que descubra que ya no hay más créditos ni más monedas y ya no me queden vidas de gato ni de nada que resucite aunque sea de mentira. Recuerdo haber pasado por todos los cuentos que pensaba pertenecían a otros personajes y disfrutar de cada una de sus victorias y también sus derrotas de cuento. Agradezco los maquillajes en los morados que me quedan fruto de todas esas peleas imaginarias que mantuve inútilmente con cada uno de los fantasmas a cuyas sábanas me así con la desesperación de las últimas oportunidades. Me quedo con el agua. El agua siempre limpia, refresca, calma y sirve para hacer infusionar el té. - ¡Que le cooooorten la cabeza! - dijo la reina. Y yo me retiré el pelo de la nuca y me puse a cuatro patas, las de morir, se entiende, que no l...
Comentarios
Que triste es todo...
Saludos de neuvo año.